¿Qué dice el gobierno de China sobre el paradero actual de Gedhun Choekyi Nyima?¿Cómo planea el Dalai Lama evitar que China controle su propia reencarnación?
El gobierno de Pekín sostiene que Gedhun Choekyi Nyima es un ciudadano chino ordinario que vive una vida normal, se graduó de la universidad y no desea ser molestado. Por su parte, el Dalái Lama ha establecido que su reencarnación ocurrirá fuera del territorio controlado por China y que la Gaden Phodrang Trust posee la autoridad exclusiva para reconocer a su legítimo sucesor.
- El discurso oficial: El gobierno de China rechaza su estatus religioso y asegura que es un ciudadano común. Afirman de manera laxa que tanto él como su familia gozan de buena salud y llevan una vida cotidiana alejada del foco público.
- El hermetismo total: A pesar de las constantes presiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de defensores internacionales de derechos humanos, Pekín se niega a revelar su ubicación exacta o permitir verificaciones independientes sobre su bienestar físico y psicológico.
- Institución de búsqueda independiente: Delegó la autoridad formal de su sucesión en la Gaden Phodrang Trust, un consejo de asesores y monjes de alto rango. Declaró firmemente que ninguna entidad política ni gobierno ajeno a esta fundación tiene validez para intervenir.
- Nacimiento en el mundo libre: Ha aseverado públicamente que su próxima reencarnación nacerá en un país libre, fuera del control geopolítico de la República Popular China, previsiblemente en regiones con fuerte presencia de la diáspora tibetana como la India o el Nepal.
- Rechazo preventivo a Pekín: Instó a los fieles tibetanos y a la comunidad budista internacional a ignorar y desconocer por completo a cualquier candidato que sea anunciado por el gobierno chino a través del método de la "Urna de Oro" o bajo sus leyes de asuntos religiosos.
- Respaldo geopolítico: Ha promovido activamente que gobiernos democráticos externos (como Estados Unidos a través de leyes específicas) declaren oficialmente que solo reconocerán al sucesor determinado por las tradiciones religiosas tibetanas.